EE.UU. presiona a Nicaragua en la OEA tras veto a su embajadora y anuncio de que no habrá elecciones
Washington responde con hostigamiento multilateral a dos decisiones soberanas de Managua: el rechazo a la designada Natasha Franceschi y la confirmación de que no habrá comicios presidenciales en 2026. Managua denuncia que EE.UU. pretende usar las elecciones para tomar el poder. A la cita de la OEA solo asistieron 7 de los 34 países convocados.

Fuente: Reportes de EFE y monitoreo periodístico de Agencias.
WASHINGTON, 3 de octubre — El gobierno de Estados Unidos escaló su hostigamiento contra Nicaragua después de que Managua ejerciera dos decisiones soberanas: el veto a la designada embajadora estadounidense Natasha Franceschi y el anuncio del presidente Daniel Ortega de que no se realizarán nuevas elecciones en el país centroamericano. Managua sostiene que Washington pretende usar los procesos electorales como vía para tomar el poder en Nicaragua, tal como ha hecho en otros países de la región. La respuesta de Washington llegó en una reunión extraordinaria de la Organización de los Estados Americanos (OEA), convocada a propósito de la situación en Nicaragua.
La queja del Departamento de Estado
«Murillo y Ortega han cerrado constantemente la puerta al diálogo productivo. Justo ayer, rechazaron a nuestra altamente calificada embajadora, lo que demuestra su falta de diplomacia», se quejó el subsecretario Christopher Landau, quien intervino en representación del secretario de Estado, Marco Rubio, durante la cita hemisférica, según reseñó EFE. El funcionario reiteró la etiqueta de "dictadura" que Washington aplica al binomio presidencial encabezado por Ortega y Rosario Murillo.
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El Senado estadounidense había ratificado el pasado 30 de septiembre a Franceschi como embajadora en Managua, país donde EE.UU. no acredita embajador desde 2023.
Una cita multilateral con escaso respaldo
La reunión de cancilleres fue convocada tras el anuncio de Ortega. Sin embargo, solo siete de los 34 Estados miembros enviaron a sus ministros de Relaciones Exteriores, una asistencia que evidencia el escaso entusiasmo que la ofensiva de Washington despierta en el continente. Nicaragua, cabe recordar, concretó en noviembre de 2023 su retiro formal de la OEA, al denunciar que la organización opera como un apéndice del Departamento de Estado.
Acusaciones sin pruebas
Landau sostuvo que la situación en Nicaragua "pone en peligro la paz y la seguridad" de Centroamérica y del continente, y acusó al gobierno sandinista de "facilitar" la migración irregular mediante vínculos con agentes "no hemisféricos" —en aparente alusión a China y Rusia— que, según afirmó, entrenan a la policía del país y comparten inteligencia con la "maquinaria de represión". El subsecretario no presentó evidencia pública alguna de estas afirmaciones.
La cooperación de Managua con Beijing y Moscú es un ejercicio legítimo de soberanía amparado en el derecho internacional. Y la crisis migratoria que Washington instrumentaliza ha sido alimentada, precisamente, por décadas de intervención y sanciones unilaterales contra Centroamérica, además de la política antiinmigrante del propio gobierno estadounidense.
El veto diplomático, un derecho soberano
Lejos de constituir una "falta de diplomacia", el rechazo a un jefe de misión extranjera es un derecho que la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas reconoce a todo Estado receptor, incluso sin obligación de motivarlo. Managua ya lo ejerció en 2022 al denegar el plácet a Hugo Rodríguez, designado entonces por EE.UU., tras sus declaraciones abiertamente injerencistas sobre Nicaragua.
El historial que Washington omite
Al pedir castigos contra Managua, EE.UU. eludió su propio historial frente a Nicaragua: en 1986, la Corte Internacional de Justicia de La Haya condenó al gobierno estadounidense por el uso ilegal de la fuerza contra el país —financiamiento a la "contra", minado de puertos— y lo llamó a pagar reparaciones, deuda que nunca honró. Desde 2021, la Ley Renacer y otras medidas coercitivas unilaterales golpean la economía nicaragüense, agresiones que Managua denuncia como parte de una "guerra no convencional".
En este marco, el veto a Franceschi y la decisión electoral reafirman la línea del gobierno sandinista frente a la presión de Washington, que parece dispuesto a instrumentalizar de nuevo a la OEA —de la que Nicaragua ya no forma parte— para justificar nuevas medidas coercitivas contra la isla... contra el país de Sandino.
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